En los talleres de comunicación intrafamiliar que he impartido a familias y miembros de AMPAS, hay algo que me parece especialmente relevante transmitir: solemos prestar mucha atención a cómo hablamos a nuestros hijos, pero bastante menos a cómo nos hablamos a nosotros mismos.
Nos preocupamos por encontrar las palabras adecuadas para corregirles, por explicarles que no pasa nada cuando se equivocan, por enseñarles a expresar lo que sienten o a defender sus límites. Y hacemos bien. Pero hay otra parte de la comunicación familiar que merece la misma atención: el ejemplo que damos con nuestra propia manera de tratarnos.
Porque podemos decirles a nuestros hijos que equivocarse es normal y, sin embargo, machacarnos cada vez que cometemos un error. Podemos animarles a confiar en sí mismos mientras vivimos pendientes de la aprobación de los demás. Podemos pedirles que expresen sus emociones y, al mismo tiempo, ocultar las nuestras porque creemos que debemos poder con todo.
¿Hasta qué punto cala nuestro discurso cuando nuestra forma de actuar transmite algo diferente?
Los niños no aprenden únicamente de lo que les decimos. También observan cómo reaccionamos ante las dificultades, cómo nos relacionamos con los demás y, aunque a veces no nos demos cuenta, cómo nos tratamos a nosotros mismos.
Y ahí empieza una conversación que va mucho más allá de las palabras.
Antes de nada, tómate un tiempo para ver cómo te sientes y cómo te comunicas contigo mismo
Deja de buscar técnicas complejas. Empieza por lo básico: sé más razonable contigo mismo, reduce la autoexigencia, reajusta esas expectativas desmesuradas que te has autoimpuesto y aprende a darte el trato que le darías a la persona que más admiras.
Al final, el problema no es que quieras mejorar, sino el látigo con el que te castigas cada vez que no alcanzas una perfección irreal. Nos han vendido la idea de que el éxito y el crecimiento personal dependen de la presión constante, de exprimirnos hasta el agotamiento absoluto. Sin embargo, la realidad es que nadie florece en un terreno seco y lleno de reproches; una autocrítica feroz nunca te va a impulsar, solo te paralizará, te agotará y te alejará de tu propio bienestar.
Para romper esta dinámica, haz el ejercicio de mirar tus errores y tus días de baja energía con perspectiva. Si alguien a quien quieres profundamente cometiera un fallo, o simplemente estuviera cansado y necesitara parar, jamás le hablarías con la dureza con la que te diriges a ti en tu diálogo interno. ¿Por qué, entonces, te tratas a ti mismo con tan poca compasión? La amabilidad propia no es debilidad ni conformismo, sino la base indispensable sobre la que se construye una autoestima sólida y sostenible.
Si sientes que el ruido externo está empañando tu comunicación familiar, o si necesitas herramientas para establecer límites con asertividad sin perder la calma, puedo acompañarte.
Ya sea para trabajar tu comunicación interpersonal a nivel personal o para llevar estos talleres a tu centro educativo o asociación, estaré encantada de escucharte.
- Teléfono: 636 01 60 55
- Mails: comunicacion@juliatabora.es / juliamariatabora@gmail.com
¡Te leo pronto!


